martes

Cuando decidí el amor, el amor ya estaba ahí.

«Los largos caminos exigen largas fidelidades. Y a medida que se alargan los caminos, las fidelidades se vuelven más hermosas».

Cuando decidí el amor, el amor ya estaba ahí.

No se decide amar. Amar se siente.

¿Cómo se siente el amor? Siempre diferente:

Cuando se descubre el amor, se siente con el cuerpo. Con las mariposas en el estómago, con el temblor de las piernas, con el sudor de las manos, con la ansiedad en el pecho. Hay amor en cada enamorado, aunque sea un amor pasajero.

Cuando se decide el amor, se siente con el corazón {aunque además se decida con la mente}. Se siente en la necesidad irrefrenable del dar, en la alegría que se multiplica, en la felicidad del entregarse por completo, sin importar nada {¿qué le va a importar algo al amor? Él es un gitanillo que nunca ha sabido de leyes}.

Cuando se mantiene el amor, se siente con algo que parece estar más allá del cuerpo y de la mente, ese pedazo de eternidad robado al tiempo. El que nos permite decir para siempre, y saber que ha sido desde siempre.

La decisión no es amar o no amar, pues el amor siempre llega primero {sucede que, muchas veces, tardamos en darnos cuenta, o le damos otro nombre}.

La decisión es seguir o no seguir amando. Se presenta una y otra vez. No siempre es una decisión fácil de tomar. Y a veces duele.

Pero cuando viene del corazón, una vez que se ha tomado, es fácil seguirla. Y el amor, cuando se sazona con el tiempo, cura cualquier dolor.

No hay que darle tiempo al tiempo. Hay que darle tiempo al amor.

2 comentarios:

Karen dijo...

Me encantó este escrito Sonia...
sobre todo por lo implícito que hay..

Sonia.Ro dijo...

Gracias, Karen. Se escribió desde el corazón, para muchos amigos...